jueves, 23 de abril de 2009

"Voluntad de Dios"

A propósito de mi postal anterior, algo sobre esto de la "voluntad de Dios" (así, con comillas) tan presente en las religiones proféticas.
Por una parte, eso de que exista una "voluntad de Dios" que yo percibo y ejecuto, puede llevar a las peores atrocidades: en función de esa "voluntad de Dios" que yo poseo, administro y ejecuto, viene todo lo que nos trae Vallejos en el libro que acabo de comentar. Es el "inch Alá" ("Dios lo quiere") como grito de batalla. En castellano hemos heredado esa expresión árabe, pero decimos "ojalá" de un modo más prudente y expresando un deseo.
Por otra parte, esa percepción está en el fondo de todas las expresiones místicas: hacer silencio para escuchar lo que está más allá de mi. Es el "no-hacer" del Tao, la "indiferencia" de Ignacio de Loyola, el "nada, nada, nada" de Juan de la Cruz, el "Padre, en tus manos pongo mi espíritu", de Jesús.
Que nos vaya bien.

3 comentarios:

  1. Ayer leí las primeras páginas de La puta de Babilonia. Está muy bien escrito pero no lo compré. Sólo compró libros conducidos por el odio si son de ficción. La historia, el ensayo, necesita un análisis más sereno.

    Me gustó mucho la explicación de ojalá.

    Un fuerte abrazo, querido amigo.

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  2. Yo tampoco habría comprado ese libro, por la misma razón que das; me llegó a través de un yerno. Me encuentro revisando textos sobre religión porque en junio debo proponer el tema "Dios" en Trazando Caminos y estoy imaginándome cómo hacerlo. Talvez propondré algunos trozos de autores entre los que no estará Vallejos. Saludos.

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  3. Si repasamos la historia conocida, la mayores atrocidades cometidas por el hombre han sido bajo el etílico efecto de la llamada "voluntad de Dios".
    Pero, por eso de que "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza", el hombre, actuó al revés y construyó a sus dioses a su propia imagen, dándoles la forma antropomórfica y tiñéndolos de todos los defectos humanos. Y el siguiente paso fue obvio, interpretar la supuesta voluntad del dios a imagen y semejanza de lo que el hombre piensa y desea. En suma, una distorsión aberrante.

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