martes, 13 de julio de 2010

Muerte

Hemos sido visitados por la muerte de un hijo atropellado en una calle de Santiago hacia la medianoche del viernes 25 de junio. Casado, dos hijas y un hijo, acababa de cumplir sus 51 años y estaba en un excelente momento de su vida. No escribo esto para recibir manifestaciones de pesar sino que para ofrecer una reflexión sobre lo absurdo de la muerte, de esa muerte. Pase si se trata de una larga enfermedad que termina haciendo de la muerte un alivio (nos lo acaba de acontecer ayer con una sobrina). Esto no: te llaman a medianoche y te dicen que se ha muerto tu hijo. No tiene sentido. Uno llega a comprender que la fe no es un dado al cual recurres para encontrar una explicación, sino que un camino que debes hacer en construcción de sentidos. Y es ese absurdo mismo que se me instala como certeza de que la muerte no puede ser el fin de todo, que la vida humana, la vida en sí no puede tener como destino el aniquilarse. Y das el salto a la certeza de la existencia de una forma de vida que se nos escapa, amarrados como estamos a lo corporal. Comprendes que la cruz es también un absurdo si no nos hace ver al Cristo resuscitado. Y - al mismo tiempo - que una resurrección pasa por una cruz. Es mi fe. Un esfuerzo por hacer de la ausencia de Gonzalo una compañía desde en una dimensión que intuyo pero cuya totalidad se me escapa. Supongo que con el tiempo, y acercándome yo mismo a mi propia muerte (cumplí los 80 un día antes de la muerte de Gonzalo), esa forma de vida más allá de la vida, esa vida resuscitada se me irá haciendo más patente y más firme. Esa es mi fe.

9 comentarios:

  1. Tata, que lindo lo que escribiste. Creo que todos tenemos que tener a Gonzalo presente siempre, aun que derrepente sea dificil y como dices tu por la forma tan absurda de su muerte.
    Te quiero mucho, cuidate.....

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  2. Querida amigo, no puedo evitar sentirme profundamente triste y a la vez reconfortado por su fe, que admiro y envidio.

    Un fuerte y sentido abrazo.

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  3. Gracias por los comentarios de una nieta y de un amigo. Relaciono esto con lo que dije en mi postal anterior: es ésta una situación límite que nos permite ver lo esencial. En este caso, la esencia de lo cristiano: los cristianos no creemos en algo, una doctrina, sino que en alguien: Jesús muerto y resuscitado. Todo lo demás sobra.

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  4. Don Gonzalo … su hijo estaba en un excelente momento de su vida, podía gritar a los cuatro vientos ¡soy feliz!, para mí fue un regalo conocerlo, quizás nunca entendamos su partida, pero lo podemos sentir día a día, nos dejo parte de el en nosotros, sensaciones y profundos sentimientos, verlo despertar y renacer para volver a encontrarse. Ser y no pertenecer.
    Con mucho cariño
    Maite

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  5. Gracias, Maite. No olvido que fuiste parte importante de ese rehacerse a sí mismo que Gonzalo había logrado. Un abrazo.

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  6. Gonzalo,
    Con estas sencillas palabras comparto tu dolor y admiro tu fe.
    Un abrazo,
    Guido Flamey

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  7. Gracias, Guido. He sentido muchas presencias en estos momentos.

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  8. Estimado Gonzalo,
    Creo que nunca se llega tarde para las condolencias...pero reconforta y da fuerzas su fe...
    Le mando un fuerte y sentido abrazo...

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  9. Gracias por tu amistad, amigo Max. Mis saludos para Ana. Gonzalo.

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