lunes, 6 de noviembre de 2006

La esperanza y el camino

Los versos con que empecé mi texto sobre el tiempo son de la “Zamba de la Esperanza”: la percepción de la temporalidad engendra la esperanza, virtud (virtus: fuerza) del caminante, que dice “aún no he llegado, pero llegaré”. Se le oponen: la presunción (“ya llegué”) y la desesperanza (“nunca llegaré”); en ambos casos te sientas, dejas de caminar, y con ello abandonas tu humanidad: el camino es la condición del “homo viator” (Tomás de Aquino, STh. II, II, 17-22)
Recomiendo: Josef Pieper Über die Hoffnung. Munich, Kösel-Verlag, 1946. Hay edición en castellano: Sobre la Esperanza. Patmos, Madrid, 1950.
Gabriel Marcel. Homo Viator. Paris, Gallimard, 1949. Traducción castellana: Prolegómenos para una Metafísica de la Esperanza. Buenos Aires, Nova, 1954

2 comentarios:

  1. Las percepciones que hagamos del tiempo nos hacen homo viator o peregrinos. Me recuerdan aquellos versos de Machado de "caminante no hay camino/ se hace camino al andar".

    Por lo demás reseñarle que compartimos varios gustos: Bach, El Quijote (donde vivo comienza la Mancha), el montañismo y las largas carreras aeróbicas. Las últimas, las practico en soledad porque me ayudan a reposar la mente. También me gusta mucho el cine de Kosta-Gavras.
    Un abrazo.

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  2. Coincidimos en nuestra experiencia en lo de correr. Un amigo español escribió algo sobre "el Zen del correr", y es éso. Creo que tiene que ver con el ritmo del paso y la respiración, igual que la meditación, el canto gregoriano o la repetición de "mantras" (el "rosario" lo es). Traspasas "el muro" y entras en "la zona"... y allí sucede cualquier cosa. Gonzalo.

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