jueves, 28 de diciembre de 2006

2007: Meditar, orar y conversar

He recibido esta felicitación por el año 2007 de parte de Editorial Anthropos, y al leerla he decidido compartir ese texto con los amigos de este blog, respetando todos los créditos debidos a esa editorial amiga. El sentido que este texto otorga a "meditar, orar y conversar" calza cabalmente con mis deseos para todos nosotros en el año que comienza. Gracias a los amigos de Anthropos. Gonzalo.
Cíclicamente el tiempo nos cambia la distancia, la intensidad y el sentido de la fecha de nacimiento y nos acerca cada vez más a una mutación personal desconocida y posiblemente definitiva. Es ésta la hora en que Caronte, el barquero, nos traslada de orilla y, entonces, se modifica nuestro estado y condición de vida. Estrenamos así una luz que nos muestra la fulguración que rompe zonas oscuras de ignorancia y en cuyo ámbito crecemos y maduramos ya experiencias que hoy nos constituyen en quienes somos. A ese tiempo más próximo y mediato lo llamamos Año Nuevo e incluso, en su inocencia, nos deseamos felicidad y nos comprometemos con el propósito de una vida diferente. Pero lo maravilloso es, en ese instante, esperar sorpresa del propio vivir, aun en un medio social e histórico reducido, estrecho y en el que nos sentimos cercados y secuestrados por la significación más profunda de una cultura, ideas y valores hegemónicos, siempre muy homogéneos, únicos e impositivos. Por lo cual, la tensión expresiva más metafórica y simbólica se configura como la surgencia de una novedad sorprendente e inesperada, imagen y figura latente de algo inédito. Esto señala el cambio de año como una esperada metamorfosis subjetiva y operativa que incide íntegramente, en tanto forma mutacional, en todo su vivir histórico.
En este contexto vital sería una idea extraordinaria inaugurar el presente año con la adhesión íntima a un lema que poéticamente formula Rilke en sus versos de Elegías de Duino. Dice así: «Todas las miradas, de todo lo que vive, / se dirigen hacia lo abierto».
La pluralidad se convierte en ley de la realidad y el horizonte, el porvenir se califica como diversidad. De este modo, la categoría de identidad, en tanto referencia inamovible y definitiva, se queda ya al margen de toda reflexión seria y actual. Nos acercamos al desciframiento de lo que significa la potencia de lo abierto. Lo cual es tanto como decir «construir la presencia de lo que está abierto, la potencia de aquello que se propone a todos». Caminamos, pues, íntegramente hacia lo abierto, tarea ésta que habría de constituir el empeño y proyecto de la libertad de todo quehacer pedagógico. El otro, nombre y espejo de nosotros mismos,
habita siempre en lo abierto. Pero vivimos en un entorno social que privilegia los cercos y los encierros, y no facilita un proceso cualitativo que deconstruya ese no ir «hacia lo abierto». Todo lo contrario. Habitualmente hemos construido nuestra intimidad con el perfil de la violencia, la instalación en el pasado y un blindaje del tiempo que impide el surgimiento de todo novum, de todo nacimiento con su capacidad de inventiva y creatividad, innovación del tiempo y del espacio. Todo, pues, desde el fondo somático del cosmos, apunta a lo abierto, al vacío por el que asoma y nos llega la luz y en cuyo ámbito se fulminan y rompen las normas, las leyes como realidades fijas e inmutables. Aparece entonces la ceniza de la probabilidad, el azar y la indeterminación de toda certeza o verdad que afectan al conjunto de la realidad, desde el átomo hasta el ser humano. Es así como lo abierto nos conecta con el mensaje de lo probable, de lo paradójico y lo ambiguo. De este modo la atención del presente se abre a múltiples creaciones de futuro. Pero lo abierto tiene un nombre esencial: lo otro, la otredad y la trascendencia de una presencia, punto omega, culmen y figura de un proceso cósmico, histórico y cultural. Lo otro expresa su dialogía por medio de dos palabras ya antiguas: meditación y oración; y una palabra más contemporánea: conversación. Las tres se refieren a la apertura de la otredad, a la diferencia y a la diversidad. El otro se constituye así en horizonte y ámbito de redes de probabilidad. Pero también el otro es límite y posibilidad. En consecuencia, nos conviene pensar juntos la dialogía, la cooperación y la participación en el hontanar de la creatividad.
La apertura del otro se concreta en diferentes formas, pero hay algunas que afirman un tradicional cúmulo de conceptos e ideas que nos iluminan especialmente y discriminan el caos inicial de una vida en proceso. Así la meditación, cuya función más básica, en la estructura antropológica, es descubrir y elaborar la realidad personal e inédita. La oración, revela la expresión de un encuentro trascendente con el otro, quien nos eleva a una diferente dimensión de pensamiento e intimidad. La conversación es el modo contemporáneo y universal de hallarse con el otro, en quien se puede mostrar operativamente su ámbito de proximidad, de igualdad y la positiva y eficiente relación entre semejantes que convergen hacia la culminación de un proceso de humanización como parte evolutiva del universo.
Meditar y orar son dos estrategias que rompen con las facticidades sociales, culturales e históricas que frenan el desarrollo de una interioridad creciente y en diálogo con la alteridad íntima.
Nos podemos preguntar en este punto: ¿de qué modo se puede elaborar el propio dinamismo interior? ¿En qué consiste y se fundamenta nuestra potencialidad interna? ¿Cómo se logra la fuerza para trascender las cosas y las imposiciones ideológicas de la cultura histórica? Finalmente, ¿qué es meditar y orar? Son formas de percibir en el tiempo otros estados de realidad: la quietud, el silencio, la iluminación interior, como capacidad de ver lo otro con absoluta claridad y transparencia. Situación en la que Ángel Valente reconoce algún límite poético cuando dice: «No puede a veces alzarse al canto lo que vive». O también lo que nos cuenta este autor en otro poema: «¡Tú que puedes, / danos nuestra resurrección de cada día!». Pessoa nos deja esta sentencia conmovedora e inquietante: «Paso y me quedo, como el Universo».
Todo nos conduce hacia el punto omega, hacia la culminación de un proceso en el que se hace la luz y donde convergen toda la inquietud y deseo de dialogar con el otro, desde los adentros, un otro trascendente, amigo y destino de nuestro caminar en lo abierto. Alguien a quien se encuentra en la aurora de nuestro meditar y orar, en el horizonte que nos llama a ser en la diversidad y en comunión.
Son varios los autores y poetas que nos acompañan en esta felicitación y signo de los tiempos. Así María Zambrano se nos acerca desde la sombra y la insinuación de un sentir en mí la presencia del otro como desafío, implicación y decisión, expectativa: «Ver adecuadamente al semejante es la prueba suprema de la visión». Por lo cual, nos dice: «Todo ver a otro es verse vivir en otro».
En consecuencia, se nos hace evidente una conclusión: la presencia del prójimo es «espejo de la vida propia». Claramente, pues, «Sólo al verme en otro me veo en realidad»... Únicamente es posible construir mi realidad desde la unidad y la compañía efectiva con el otro.
Juan David García Bacca nos recuerda que cuando la situación no coincide con la apertura del ser humano, experimentamos el acontecer de un secuestro, un espacio éste donde no es posible ni la oración, ni la meditación, ni la conversación como símbolos y experiencia de la obertura de horizonte y libertad de proyectos. En el espacio y lugar de la clerecía Juan David se sentía secuestrado «de cuerpo y alma». Su decisión de dejarlo todo y emprender una vida nueva, otra, le libera íntima e histórica y socialmente. Consecuencia de todo ello fue que perdió la fe católica y se vio a sí mismo pagano: ubicado en su interior en el ámbito de decisiones y responsabilidades. José Ángel Valente nos señala en sus poemas el camino de la poesía como silencio y encuentro con «la materia de la música», y todo ello nos lleva a un estremecido fulgor. Eugenio Montejo nos sugiere desde su lenguaje poético ese maravilloso poema que titula «Oración por el tacto». Toda su escritura es la despedida poética de un tiempo, un Adiós al siglo XX. Pero aún más, su reflexión poética e íntima se continúa en su poemario Alfabeto del mundo, en que hace meditar a «Los árboles» y establece la afirmación contundente de «Soy esta vida».
Los versos de Antonio Machado son pura sugerencia y adentramiento en la línea intensa de la interioridad. Y Pessoa nos desafía con su inaplazable tarea de pensar, desde las precisas y hondas elaboraciones de El Guardador de Rebaños de Alberto Caeiro.
La palabra poética, con su ritmo, musicalidad y silencios, es la mejor senda capaz de adentrarnos en los laberintos de la meditación, la oración y la conversación como expresión dialógica y experiencia de lo abierto del ser humano. Esas tres actividades son el signo ya antiguo de nuestra estructuración en la otredad como dimensión ética, su precisa definición y valores personales. Yo soy otro, mi raíz es comunitaria. Por eso mismo, en su Visión de Anáhuac de Alfonso Reyes, Rubén Jaramillo expresa con toda belleza en su introducción lo siguiente: «Un pueblo se salva cuando logra vislumbrar el mensaje que ha traído al mundo: cuando logra
electrizarse hacia un polo, bien sea real o imaginario, porque de lo real y lo imaginario está tramada la vida. La creación no es un juego ocioso: todo hecho esconde una secreta elocuencia y hay que apretarlo con pasión para que suelte su jugo jeroglífico».
Meditar, orar y conversar son el signo y el camino afirmativo de la estructura dialógica del ser humano; su pasión constitutiva de un proceso que lo dirige a un culmen, al punto omega o la definitiva subida al Monte Carmelo, deliciosa figura ésta destinada a habitar el séptimo castillo interior, donde se nos revela la presencia del Otro como encuentro y diálogo, nueva presencia comprometida con el silencio. Y así los actos ya históricos de meditar, orar o conversar comunican la intimidad y la experiencia del Espíritu con lo abierto. Pero antes se han de romper todos los cercos y desafíos de la definitiva escritura previa del destino que nos define. El Espíritu siempre se encuentra en estado de investigación de aquello que vendrá, en la luz radiante y sosegada de un porvenir no sabido. Por lo cual, habitar la potencia de lo abierto es la maravilla milagrosa de la estructura existencial del ser: habitar el tiempo en la espera de un novum, de Alguien que se nos revela en el porvenir, en el centro del punto omega.
¡Feliz Año 2007!
ANTHROPOS EDITORIAL 2007

4 comentarios:

  1. En primer lugar, quiero darte las gracias por compartir este texto con nosotros, lo leí ayer por la noche, pero lo hice imprimiendo el texto en papel. Me ha gustado tanto que quiero responder con un post en mi blog, espero a lo largo del día tener tiempo para escribirlo.
    Gracias por conversar con nosotros.

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  2. Amigo Gonzalo, gracias por tan bello texto.
    He sido buen chico este año y los Reyes Magos me traerán "La Peregrinación a las fuentes" (estaba por todo Madrid agotado y lo tuve que pedir por internet.)
    Un abrazo, mis mejores deseos.

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  3. "Peregrinación a las fuentes es un texto antiguo, pro válido como toda peregrinación y todo regreso a las fuentes. Un feliz 2007.

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