miércoles, 10 de enero de 2007

Una introducción al Yoga 7

Asana : la postura sin movimiento
"Asana" representa una "postura estable y cómoda". Pa­reciera un poco pretencioso hablar de estabilidad y comodidad en pos­turas tan poco naturales como estarse en posición invertida sobre los hombros (sarvangasana) o el repliegue del cuerpo en halasana o con las piernas entreanudadas como en padmasana. Es que se trata precisamente de eso: de lograr la estabilidad y la comodidad en posturas poco natu­rales.
Es éste, junto con la concentración en un sólo pun­to (ekagrata) el nervio de la propuesta del yoga. Para lograr la liberación del torrente del devenir, del torbellino de los flujos del samsara que pasan por nosotros y nuestra mente, el yoga se propone hacer exactamente lo contrario:
Contra un cuerpo que se deja llevar y se explaya, un cuerpo forzado al máximo en posturas no espontáneas, trabajadas len­tamente, pacientemente, hasta lograr la espiritualización de la materia corporal, la transparencia del cuerpo al espíritu: la "comodidad" o na­turalidad adquirida de una postura no espontáneamente natural. Relaja­ción por la tensión: unión de Ha y de Tha, dice el Ha-Tha Yoga.
Contra la difusión del ser en el "torbellino de la mente" (la expresión es de Patanjali), la concentración en un solo pun­to, el verterse hacia zonas de conciencia cada vez más estrechas, a través de la postura física, a través del cuerpo, a través de una zona específica del cuerpo, a través de un punto muy preciso del cuerpo. Es­to, hasta que la conciencia del yo desaparezca y se propicie el espacio de la mente- testigo, despersonalizada.
Un koan del Zen (y sabemos que el Zen se originó en el yoga) nos dice: "escucha el ruido de la mano que no has golpeado". Haz lo contrario de lo espontáneo; busca la otra cara de las cosas; fuerza lo natural hacia lo no espontáneo, y encuentra en ello otra forma de espontaneidad. Tu yo, punto de convergencia de tu ser natural, será así superado; el camino hacia el descubrimiento del Yo está abierto.
"La postura es perfecta cuando el esfuerzo por reali­zarla desaparece, de manera que no haya más movimientos en el cuerpo. Del mismo modo, su perfección se cumple cuando el espíritu se trans­forma en infinito, es decir, cuando hace de la idea de infinito su propio contenido", dice el comentarista Vyasa.
"El que practique el asana deberá hacer uso de una energía consistente en suprimir los esfuerzos corporales naturales. De otro modo, la postura ascética de que hablamos aquí no podrá ser realizada. En lo concerniente al ‘espíritu transformado en infini­to’ significa una suspensión total de la atención a la presencia de su propio cuerpo".
El asana significa, así, un intento por abolir las modalidades humanas de existencia, una "detención", una invulnerabi­lidad con respecto de "los contrarios" (los términos entre comillas son de Patanjali), del mundo exterior.

Pranayama: el control del ritmo respiratorio
Una vez lograda la estabilidad y comodidad del asana, el yogui practica el pranayama, que consiste de nuevo en una actitud antinatural, en un violentar la tendencia espontánea. Esta vez, al modo natural de respiración, el yogui opone un control del ritmo res­piratorio que lleva a establecer una secuencia artificial, inicial-mente forzada, que otorga un tiempo determinado a la inspiración, cuatro veces ese tiempo a la retención del aire, y dos veces el tiem­po inicial a la expiración. Esto, durante una larga secuencia, cuyo resultado es que “el velo que cubre la luz disminuye": "el pranayama es la detención de los movimientos aspiratorios y espiratorios, la que se obtiene después que el asana ha sido efectuado". Y Bhoja, comentarista de Patanjali acota que "al ser precedidas todas las funciones de los órganos por la función respiratoria - ya que exis­te un lazo entre la respiración y la conciencia, en sus funciones respectivas - la respiración, al ser suspendidas todas las funciones orgánicas, realiza la concentración de la conciencia en un sólo ob­jeto" El yogui penetra así, sin perder la lucidez, en es­tados de conciencia propios del sueño. La respiración espontánea po­see un ritmo discontinuo, modificado constantemente por el moverse, por las emociones, por las solicitudes del medio. Por el pranayama, control del ritmo respiratorio, el yogui obtiene una continuidad de tal ritmo, que tiene como fruto una conciencia que permite trascen­der el ritmo respiratorio mismo y penetrar hasta las capas ultra­concientes. Eliade nos dice que "el pranayama es como una aplica­ción de espíritu dirigida a la vida orgánica, un conocimiento por el acto, una entrada lúcida y tranquila en la esencia misma de la vida. El yoga recomienda a sus fieles vivir, pero no abandonarse a la vida. Las actividades sensoriales se apoderan del hombre, lo alteran y lo disgregan. La concentración sobre esa función vital que es la respiración trae como resultado, en los primeros días de práctica, una sensación inexpresable de armonía, en plenitud rít­mica, melódica, una nivelación de todos los altibajos fisiológicos. Seguidamente revela un sentimiento impreciso de presencia del cuer­po, una conciencia calma de la propia grandeza".
No está de más recordar aquí el valor asignado a la respiración en la tradición contemplativa cristiana, por ejemplo, en el hesicasmo; no es del caso ir por este desvío ahora, pero pue­de ser de valor consultar comentarios acerca de los textos de la Filocalia, la "oración del corazón" y tantas otras tradiciones con­templativas occidentales de ayer y de hoy.

1 comentario:

  1. Gonzalo,
    con tu permiso, voy a imprimirlo. Me parece muy a tener en cuenta.

    Como siempre, muchas gracias y muchos besos.

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