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martes, 28 de julio de 2009

Alquimia de la palabra

Somos en la palabra, el verbo, el logos. Al nombrar distinguimos y vemos los elementos que revelamos como formando parte del horizonte de eventos de cada uno de los micromundos que vivimos en nuestra experiencia diaria, en la que la palabra aparece con cuatro funciones mutuamente implicadas en mayor o menor grado según la naturaleza del micromundo de referencia:
• Función vehicular: usamos las palabras para decir lo que deseamos decir.
• Función reveladora: en la conversación con el entorno que ella misma distingue como tal, nuestra conciencia establece descripciones que enactúan lo real en el micromundo de referencia.
• Función poiética: la palabra se muestra henchida de obras que florecen cuando el logos anida, da raíces y crece en nuestra conciencia (Plotino, Enéadas, V, VIII, 6)
• Función regeneradora: las obras que la palabra siembra en nosotros nos llevan a un cambio, a un renacer: la regeneración se produce a través de la palabra (Corpus Hermeticum, XVI, 2)

En todo esto se nos produce un proceso interno de continuo rebote entre palabra y silencio, y entre palabra y palabra. Este trabajo de alquimia de la palabra ha sido bien descrito por Platón en su Carta VII, escrita a sus amigos de Siracusa en 353 o 352, cinco años antes de morir, y que ya he presentado aquí en otra ocasión:
“Hay, sin embargo, una cosa que puedo decir en lo que se refiere a quienes han escrito o escribirán pretendiendo saber el objeto de mi esfuerzo - ya sea que lo hayan escuchado de mí, o de otros, o encontrado por ellos mismos – y es que les es imposible, en mi humilde opinión, entender nada de eso. Por lo menos no hay sobre esto ningún escrito mío y no es previsible que lo haya nunca. Es algo que no se deja expresar en palabras, como otros conocimientos; solamente después de una familiaridad prolongada, una verdadera vida en común, de pronto – como al nacer la llama se enciende una claridad – aparece en el alma y en lo sucesivo se nutre a sí mismo” (Carta VII 7.341c).
“Cuando se han restregado unos contra otros factores, nombres, definiciones, imágenes y sensaciones, cuando se los ha probado en discusiones benévolas y sin poner ningún énfasis ni en las preguntas ni en las respuestas, de pronto se produce, con gran trabajo, un trazo de luz, se concibe y comprende el objeto estudiado, si, por lo menos, uno ha estirado sus fuerzas tanto como le es posible al hombre.” (Carta VII, 7.344b)

lunes, 9 de julio de 2007

Vivimos en dos mundos

Todos - quien más, quien menos - vivimos en dos mundos: el de las palabras y el del silencio. El mundo de las palabras configura nuestra realidad ordinaria; el del silencio, nuestra realidad aparte. Hasta el más activo de nosotros tiene sus momentos de mirada hacia su fuego interior, y el más contemplativo tiene también momentos de conexión con la realidad de todos los días que nos es común. Es difícil vivir en ambos mundos al mismo tiempo: todos cargamos de una u otra manera hacia uno u otro lado de una cierta línea divisoria. Para algunos, ubicados preferentemente en el silencio, su salida a la realidad ordinaria es estratégica, con un fin más o menos explícito, desde el que regresa apenas puede a su mundo no ordinario. Quienes viven con más permanencia en la conversación, buscarán a veces refugio y paz en su mundo interior. Es importante reconocer ambos mundos y su importancia en nuestras vidas. Lo humano se compone de ambos, y una personalidad que tiende a ser unilateral bien podría sufrir las consecuencias de esa parcelación.

martes, 29 de mayo de 2007

Alquimia de las palabras

A propósito de VITRIOL y de algunos comentarios: lo que hacemos en los blogs es alquimia de las palabras: las vamos restregando unas contra otras para que salte la luz. Vean el siguiente texto de Platón en su Carta VII. Es un texto que ya les mostré alguna vez, pero en estas cosas de la alquimia las cosas se hacen una y mil veces: “Hay, sin embargo, una cosa que puedo decir en lo que se refiere a quienes han escrito o escribirán pretendiendo saber el objeto de mi esfuerzo - ya sea que lo hayan escuchado de mí, o de otros, o encontrado por ellos mismos – y es que les es imposible, en mi humilde opinión, entender nada de eso. Por lo menos no hay sobre esto ningún escrito mío y no es previsible que lo haya nunca. Es algo que no se deja expresar en palabras, como otros conocimientos; solamente después de una familiaridad prolongada, una verdadera vida en común, de pronto – como al nacer la llama se enciende una claridad – aparece en el alma y en lo sucesivo se nutre a sí mismo” (Carta VII 7.341c). “Cuando se han restregado unos contra otros factores, nombres, definiciones, imágenes y sensaciones, cuando se los ha probado en discusiones benévolas y sin poner ningún énfasis ni en las preguntas ni en las respuestas, de pronto se produce, con gran trabajo, un trazo de luz, se concibe y comprende el objeto estudiado, si, por lo menos, uno ha estirado sus fuerzas tanto como le es posible al hombre.” (Carta VII, 7.344b). La Carta VII la escribió Platón a sus amigos de Siracusa en 353 o 352, cinco años antes de morir a los 80.

domingo, 18 de junio de 2006

Palabra, palabrería y relatos

Si quieres que anide en ti la Palabra, haz de alejarte de la palabrería. Sólo en el silencio la Palabra puede anidar, echar raíces y crecer en relatos que dinamicen tu vida. El mucho hablar impide este proceso.

viernes, 5 de mayo de 2006

Palabra, Espíritu, Paternidad

La paternidad consiste en la transmisión de vida y en la relación que de allí resulta entre dos seres: el que la da y el que la recibe. En el orden espiritual, la palabra es la semilla por la cual se transmite la vida del Espíritu: paternidad y filiación por la palabra en el Espíritu.