Una alquimia de la palabra se ordena a ofrecer alternativas: caminos de revisión de ésas nuestras certezas en busca de una vida más abierta hacia un Mundo Nuevo en el que seamos capaces de meditar, orar y conversar. La meditación nos permitirá detener el tráfago de nuestras vidas marcadas por ideas nunca revisadas; la oración nos mostrará la dimensión trascendente de lo nuestro hacia la otredad; la conversación nos abrirá junto con otros a universos nuevos. Llamo a estos caminos un método de pensamiento futuro:
• Método: camino que es dicho, que es hecho y recorrido al ser dicho.
• Pensamiento: descripciones y continuidades de descripciones que poseen fuerza explicativa para las probabilidades de experiencias de nuestra conciencia en su diálogo con un medio que esa conciencia distingue como tal. Esas descripciones de probabilidades de experiencias configuran los universos que habitamos.
• Pensamiento futuro: agrego una dimensión de temporalidad a esas descripciones sobre esos universos. Tal temporalidad no puede ser otra que el presente, que se identifica con el ser, y que nos dice que vivimos en la eternidad, en el siempre presente. Sin embargo ese presente es un presente siempre nuevo, dinámico, proyectado en un futuro que todavía no es pero que ya está siendo. Así, un pensamiento futuro apunta a descripciones y conjuntos de descripciones que poseen fuerza explicativa de los universos que habitamos desde un presente en situación de ir haciéndose futuro, en un continuo paso de la potencia al acto de los universos que describimos y habitamos al describirlos. Un pensamiento futuro es aquél que se mantiene a la temperatura de su propia transformación.
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domingo, 2 de agosto de 2009
domingo, 26 de abril de 2009
Red para un Pensamiento Futuro y Transdisciplinar
He creado una Red para un Pensamiento Futuro y Transdisciplinar. La propuesta la encontraréis en la página de ese título en mi página personal a la que accedéis desde el enlace que lo indica, a vuestra izquierda. Todo lo que estamos haciendo es acogido dentro de esa Red que liga lo disperso. Os invito.
martes, 27 de mayo de 2008
La pregunta por el conocer
Cuando tenía veinte años y estudiaba filosofía en Buenos Aires se me hizo claro que mi vida la dedicaría a desentrañar lo humano de lo humano allí mismo donde se define: en nuestra capacidad de conocer. Con ello no hacía más que reafirmar una inclinación que me había impulsado desde la niñez, desde cuando fui construyendo un pensamiento personal. Mi trabajo de licenciatura versó sobre lo que el filósofo de Lovaina Joseph Maréchal llamó “Le point de départ de la métaphysique” (1942) pero poco a poco me di cuenta de que la pregunta no estaba en las descripciones que hacemos sino que en nosotros mismos, en nuestra corporalidad de cognoscentes.
Dos disciplinas de trabajo espiritual en la corporalidad me ayudaron a definir este cambio de perspectiva: el Ha-Tha Yoga que practico diariamente desde 1957 y la carrera aeróbica de distancias largas que me acompaña con su ritmo diario desde 1960.
El encuentro con los trabajos del antropólogo cultural Carlos Castaneda en sus libros sobre “Las enseñanzas de don Juan” me llevó a una narrativa absolutamente diferente. Vino luego mi descubrir con admiración las investigaciones de Humberto Maturana en biología del conocimiento, las que completaron mi vocabulario y me ayudaron a reformular la pregunta que me hice como joven principiante en filosofía.
Ya no me pregunto acerca de qué decimos cuando decimos que algo es o no es, y cómo es lo que es, sino que me interrogo sobre lo que pasa en nosotros como seres conocedores cuando decimos que algo es o no es y lo describimos como siendo.
He llegado al convencimiento de que el origen de nuestro conocimiento es emocional: nuestra emoción configura múltiples universos que constituyen para nosotros una opción que aceptamos porque sí, porque nos gusta, porque en ella podemos elaborar descripciones (o sea, “realidades”) que nos parecen “verdaderas”, esto es, que tienen fuerza explicativa con respecto de un determinado horizonte de eventos que nosotros mismos distinguimos con narrativas y confirmamos con liturgias que se establecen en la relación entre cuerpo y espíritu.
Así, por ejemplo, si yo opto por aceptar la existencia de Dios (como lo hago), no es éste un acto de mi razón (que se refiere solo a las palabras), sino que de mi voluntad, de mi emoción, que se relaciona con mi sentir, mi soñar y mi ver. A esa emoción llamo “fe”, y sobre ella examino, critico y rehago las descripciones que en ella se producen. Si voy más allá, y acepto el hecho de la resurrección de Jesús (como también lo hago), es éste un nuevo acto de fe, de mi emoción, que me coloca en una línea de narrativas y liturgias que apuntan a la construcción del “Cristo” interior, a la vez modelo y garantía de vida que – nuevamente – yo acepto y afirmo por un acto de voluntad que genera descripciones que me resultan “verdaderas”, otorgadoras de sentidos a mi vida toda.
Dos disciplinas de trabajo espiritual en la corporalidad me ayudaron a definir este cambio de perspectiva: el Ha-Tha Yoga que practico diariamente desde 1957 y la carrera aeróbica de distancias largas que me acompaña con su ritmo diario desde 1960.
El encuentro con los trabajos del antropólogo cultural Carlos Castaneda en sus libros sobre “Las enseñanzas de don Juan” me llevó a una narrativa absolutamente diferente. Vino luego mi descubrir con admiración las investigaciones de Humberto Maturana en biología del conocimiento, las que completaron mi vocabulario y me ayudaron a reformular la pregunta que me hice como joven principiante en filosofía.
Ya no me pregunto acerca de qué decimos cuando decimos que algo es o no es, y cómo es lo que es, sino que me interrogo sobre lo que pasa en nosotros como seres conocedores cuando decimos que algo es o no es y lo describimos como siendo.
He llegado al convencimiento de que el origen de nuestro conocimiento es emocional: nuestra emoción configura múltiples universos que constituyen para nosotros una opción que aceptamos porque sí, porque nos gusta, porque en ella podemos elaborar descripciones (o sea, “realidades”) que nos parecen “verdaderas”, esto es, que tienen fuerza explicativa con respecto de un determinado horizonte de eventos que nosotros mismos distinguimos con narrativas y confirmamos con liturgias que se establecen en la relación entre cuerpo y espíritu.
Así, por ejemplo, si yo opto por aceptar la existencia de Dios (como lo hago), no es éste un acto de mi razón (que se refiere solo a las palabras), sino que de mi voluntad, de mi emoción, que se relaciona con mi sentir, mi soñar y mi ver. A esa emoción llamo “fe”, y sobre ella examino, critico y rehago las descripciones que en ella se producen. Si voy más allá, y acepto el hecho de la resurrección de Jesús (como también lo hago), es éste un nuevo acto de fe, de mi emoción, que me coloca en una línea de narrativas y liturgias que apuntan a la construcción del “Cristo” interior, a la vez modelo y garantía de vida que – nuevamente – yo acepto y afirmo por un acto de voluntad que genera descripciones que me resultan “verdaderas”, otorgadoras de sentidos a mi vida toda.
sábado, 17 de marzo de 2007
Estados de flujo y Mundo Nuevo
Para comprender el papel que nos corresponde en el nuevo paradigma que está surgiendo muchos de nosotros hemos viajado por muchos senderos que se escriben con nombres de prácticas personales y profesiones. Sin embargo, todos hemos aprendido que en este mundo no existimos como entidades individuales, que no controlamos nuestras vidas con nuestros propios egos sino que lo que se halla más allá del ego tiene una responsabilidad mucho mayor. Deseamos experimentar por nosotros mismos la unión interior y con el resto del mundo. La unión de los opuestos internos: nuestra propia androginia en un yoga que significa unir los niveles superiores e inferiores de la conciencia. Lo tenemos todo. Tenemos en nuestro interior el potencial para curarnos a nosotros mismos de nuestras divisiones internas y para sanar esa parte del universo que podemos afectar en forma personal. Cada uno de nosotros puede ser un agente que disperse a todos los rincones de la tierra las semillas que hemos tomado unos de otros. Y, al mismo tiempo, podemos nutrir esas semillas dentro de nuestro propio cuerpo, mente y espíritu, viviendo de forma que maduren y crezcan con fuerza. Seamos mujer o varón llevamos en nuestro interior el potencial de ambos tipos de energía. La tarea práctica que tenemos consiste en armonizarlos en nuestro interior y en la red cósmica de la que somos nodos. En la terminología de Sheldrake, está ocurriendo una resonancia mórfica determinada. En todo el mundo se está haciendo manifiesta la sabiduría de lo andrógino. Estamos aprendiendo a reconocer, diferenciar y unir los opuestos en nuestra naturaleza: masculino y femenino, creativo y receptivo, conocimiento y sabiduría, competencia y cooperación, explosión e implosión, logos y eros. Lo importante es llegar a los estados de flujo de un “yoga de la androginia” que nos haga experimentar esas diferencias como complementarias. Acopladas pueden fertilizarse mutuamente para engendrar la fuerza humana en un Mundo Nuevo.
martes, 16 de enero de 2007
Pensamiento futuro
En estas conversaciones es frecuente que hagamos referencia a una nueva forma de ver y decir las cosas de la vida diaria y también aquéllas de un orden menos frecuente, las de los grandes temas. Somos gente que no suele aceptar una sociedad carente de elasticidades en lo que hace y en lo que dice. A esta nueva forma de pensar - que no existe todavía en forma acabada pero que se está gestando - llamo "pensamiento futuro". Por "pensamiento" entiendo las descripciones y continuidades de descripciones que tienen fuerza explicativa con respecto de los universos que habitamos, esto es, que son capaces de generar acciones efectivas en esos universos. Le agrego el calificativo de "futuro" para hacer referencia a una tendencialidad, un dinamismo hacia lo que todavía no es presente pero que lo va siendo. Un "pensamiento futuro" es el propio de un mundo nuevo, en continua creación, plural y diversificado como lo somos todos, elástico y abierto, cambiante y con fuerza transformadora. ¿Cuáles podrían ser sus elementos o características? Dejo abierto este campo.
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