martes, 30 de enero de 2007

Verificación de palabra

Les pido disculpas por haber activado nuevamente la verificación de palabra en los comentarios. A pesar de la moderación se ha pasado un comentario automático. Gracias.

Inventario

Somos lo que son nuestros inventarios expresados en nuestros vocabularios. Desde ellos definimos nuestros universos y en ellos nos quedamos. Una ruptura de nuestros inventarios nos conmueve, nos desajusta, nos hace sentirnos débiles, sin los roles a los que estamos acostumbrados. Nuestra autocompasión - ese mal que suele corroernos - no es otra cosa que el lamento sobre inventarios rotos. Es un buen ejercicio ponernos en situaciones en las que nuestros inventarios se ven amenazados: es el papel que cumple la meditación; o el encuentro con otros; o las situaciones extremas físicas, mentales, síquicas. Busquemos las ocasiones en que nuestros inventarios se vean amenazados: nos purifican, nos transforman, trans-forman.

sábado, 27 de enero de 2007

Manifiesto Blog

Es interesante leer el "Manifiesto Blog España" elaborado por la Asociación Evento Blog España a partir de la reunión de blogueros tenida en Noviembre del 2006 en Sevilla. Da mucho de qué conversar acerca de lo que aquí hacemos y de lo que ha venido a ser una suerte de "cultura blog".

jueves, 25 de enero de 2007

Relaciones filtradas

Nuestras conversaciones en este mundo de los blogs son filtradas por nosotros mismos: mostramos lo que queremos mostrar, nuestro mejor lado. Eso es bueno, nos anima, anima las conversaciones, nos hace creer en nuestro lado bueno, afirmarlo, definirlo. Somos mejores cuando mostramos lo mejor de nosotros mismos. Llamo a eso veracidad: mostrar nuestra verdad, aquella que se identifica con nuestro ser más profundo

miércoles, 24 de enero de 2007

El tiempo y los tiempos

Tuve un alumno, excelente amigo, que brilló en sus estudios, fue ayudante de cátedra, creó y administró empresas, se casó dos veces, ganó regatas y se mató en un accidente del avión que él piloteaba... todo esto, en el mismo espacio de tiempo en que yo escribía unas cuantas cosas: las que ustedes leen ahora. Don Juan enseña que al nacer cada cual recibe una cantidad de energía de vida: te la gastas rápido o lento, mueres antes o después.

lunes, 22 de enero de 2007

Demonio

Desde antiguo lo demoníaco consiste en tratar de hacer del Árbol de la Vida un árbol del conocimiento del bien y del mal.

sábado, 20 de enero de 2007

Noxeus

Vean el excelente nuevo blog de Noxeus

viernes, 19 de enero de 2007

Narcisismo bloguero

¿Por qué escribimos blogs? ¿Narcisismo?

jueves, 18 de enero de 2007

Clases sociales

En la pecera de un nieto hay dos peces rojos y dorados, grandes, llenos de luz, que se mueven todo el día; el nieto los alimenta. En el fondo de la pecera hay otros dos, chicos, feos, color barro, que hacen la limpieza y se alimentan de los desechos que los otros producen.

El Guardián del Faro

Vean el blog de este amigo

Muerte

Según la edad la vemos más lejos o más cerca. A veces se nos viene encima en algún cercano. Por lo general no la vemos. Pero no es que no esté allí: es como un coche que a veces apaga las luces, eso es todo. En su perspectiva, todo cambia: es una buena consejera, pone las cosas en su lugar. Si supiera que me muero ahora, ¿qué haría? Bueno, nos estamos muriendo ahora: la muerte está en nosotros, anida en nuestro cuerpo. Pensar en ella da claridad.

martes, 16 de enero de 2007

Pensamiento futuro

En estas conversaciones es frecuente que hagamos referencia a una nueva forma de ver y decir las cosas de la vida diaria y también aquéllas de un orden menos frecuente, las de los grandes temas. Somos gente que no suele aceptar una sociedad carente de elasticidades en lo que hace y en lo que dice. A esta nueva forma de pensar - que no existe todavía en forma acabada pero que se está gestando - llamo "pensamiento futuro". Por "pensamiento" entiendo las descripciones y continuidades de descripciones que tienen fuerza explicativa con respecto de los universos que habitamos, esto es, que son capaces de generar acciones efectivas en esos universos. Le agrego el calificativo de "futuro" para hacer referencia a una tendencialidad, un dinamismo hacia lo que todavía no es presente pero que lo va siendo. Un "pensamiento futuro" es el propio de un mundo nuevo, en continua creación, plural y diversificado como lo somos todos, elástico y abierto, cambiante y con fuerza transformadora. ¿Cuáles podrían ser sus elementos o características? Dejo abierto este campo.

viernes, 12 de enero de 2007

Recapitulación: el Yoga como arte del desapego

Con este postal termina la serie de nueve en que he hecho una introducción al yoga. Lo hago con una cita de Mircea Eliade en: Yoga, inmortalidad y libertad. Buenos Aires, La Pléyade, 1977, pp. 101 a 103 passim.

"Recapitulemos las etapas de este largo y difícil itinera­rio propuesto por Patanjali. Su objetivo, a primera vista, es bien definido: libertar al hombre de su humana condición, conquistar la li­bertad absoluta, efectuar lo incondicionado. El método comprende téc­nicas múltiples (fisiológicas, mentales, místicas), pero todas tienen un rasgo común: su carácter antiprofano, o, mejor, antihumano. El pro­fano vive en sociedad, se casa, funda una familia; el yoga prescribe la soledad y castidad absolutas. El profano está 'poseído' por su propia vida, el yogui rehúsa 'dejarse vivir' ; opone su posición es­tática, la inmovilidad del asana, al movimiento continuo; opone el pra­nayama a la respiración agitada, arrítmica, multiforme, y sueña con con­seguir la retención total de la respiración; al flujo caótico de la vida sicomental, responde con la 'fijación del pensamiento en un sólo punto', primer paso hacia la retracción definitiva del mundo de los fenómenos, que obtendrá el pratyahara. Todas las técnicas yoguis invitan al mis­mo gesto: hacer exactamente lo contrario de lo que la naturaleza humana nos obliga a hacer. Del aislamiento y de la castidad al samyama, no exis­te solución de continuidad. La orientación es siempre la misma: reaccio­nar contra la inclinación normal', 'profana', en resumen, 'humana’
“...es por etapas que el yogui se desinteresa por la vida. Comienza por suprimir las costumbres vitales menos esenciales: las co­modidades, las distracciones, la pérdida fútil del tiempo, la dispersión de sus fuerzas mentales, etc.
Seguidamente, trata de unificar las fun­ciones más importantes de la vida: la respiración, la conciencia. Disci­plinar la respiración, hacerla rítmica, reducirla a una sola modalidad­, la del sueño profundo, equivale a la unificación de todas la variedades respiratorias. El ekagrata continúa en el plano de la vida sicomental, con la misma finalidad: fijar el flujo de la conciencia, efectuar un continuum psíquico sin grieta alguna, 'unificar' el pensamiento. Hasta la más elemental de las técnicas yoguis, asana, propone un fin similar; porque si alguna vez llegamos a tener conciencia de la 'totalidad' de nuestro cuerpo, sentido como 'unidad', sólo podríamos hacerlo probando una de estas pos­turas hieráticas. La simplificación extremada de la vida, la calma, la serenidad, la posición estática del cuerpo, el ritmo de la respiración, la concentración en un solo punto, etc., todos estos ejercicios persiguen un mismo fin, el de abolir la multiplicidad y la fragmentación, reintegrar, unificar, totalizar.
"Al retirarse de la vida humana profana, el yogui encuentra otra, más profunda, mas verdadera - porque posee ritmo - la vida misma del Cosmos. Efectivamente, podemos hablar de las primeras etapas yoguis como de un esfuerzo tendiente a la ‘cosmificación' del hombre...
"... Obtenida tras la 'unificación' la 'cosmificación' continúa el mismo proceso: rehacer al hombre con otras proporciones, gigantescas, garantizarle experiencias macrotrópicas. Pero este macrotropo no puede te­ner, él tampoco, más que una existencia provisoria. Porque el objetivo fi­nal no será alcanzado hasta que el yogui consiga retirarse hacia su pro­pio centro y apartarse completamente del cosmos, tomándose impenetrable a las experiencias, incondicionado y autónomo. Este 'retiro' final equi­vale a una ruptura de nivel, a un acto de real trascendencia. El samadhi, con todas sus equivalencias tántricas, es por su misma naturaleza un 'es­tado' paradójico, pues está vacío y al mismo tiempo colma hasta la sacie­dad el ser y el pensamiento.
“... el recobro, por medio del samadhi, de la no-dualidad ini­cial, aporta este elemento nuevo con respecto a la situación primordial (la que existía antes de la bipartición de lo real en sujeto-objeto): el conocimiento de la unidad y la beatitud. Hay un 'regreso al origen', pero con la diferencia de que el 'liberado en vida' recobra la situación original, enriquecida con las dimensiones de libertad y transconciencia".

jueves, 11 de enero de 2007

Una introducción al Yoga 8

Pratyahara: independencia con respecto de los estímulos
Como resultado de la práctica del asana y del prana­yama adquiere el yogui independencia con respecto de los estímulos pro­venientes del mundo externo (consciente) y del subconsciente. No es que los contenidos de estos estímulos hayan sido suprimidos: permanecen las imágenes, las sensaciones, los recuerdos, las mareas del fondo que que­da bajo la conciencia. Lo que sucede (y por eso se dice "independencia" y no "supresión") es que el yogui ya no ve las cosas ni a sí mismo "a través" de esas influencias, sino que directamente. Los fenómenos no son suprimidos: el yogui sigue teniéndolos, pero se desvincula de ellos.
En términos de Patanjali, no se conoce ya a través de las formas (rupa) ni de los estados mentales (cittavrtti), sino que se contempla directa­mente la esencia (tattva) de los objetos. Es el conocimiento intuitivo.
Es ésta una solución perfectamente eficiente, ates­tiguada por la experiencia de todo yogui, del viejo problema espiritual de las "distracciones" en la meditación, enfocado muchas veces solo des­de el punto de vista del luchar por "suprimirlas" mediante un esfuerzo mental. La solución del yoga pasa por el asana y el pranayama, ejerci­cios muy descritos desde el punto de vista de su técnica y ciertamente seguros en sus resultados.
La actividad contemplativa del yogui se desenvuelve, así, aceptando e incorporando un fondo de fenómenos de conciencia, los que siguen allí; pero, sin depender de ellos. Son un trasfondo, algo semejante a las sombras en la caverna de que nos habla Platón. Pero ­al contrario de lo que expresa esta alegoría, el conocimiento del yo­gui, su visión del mundo, de sí mismo y del Espíritu, no pasa por esas som­bras. Se encuentra en el camino de la supresión de la ilusión cósmica.

Samayama: los tres últimos brazos del yoga: la concentración (dharana), la meditación (dyana) y la contemplación (samadhi)
Una vez lograda la autonomía con respecto de los estí­mulos del mundo exterior y de su propio mundo interior, el yogui se en­trega a una triple experiencia, llamada "samyama" y que comprende tres etapas sucesivas, que no suelen darse sin discurrir de una a la siguien­te: la concentración (dharana), la meditación propiamente dicha (dyana) y el éxtasis de la contemplación (samadhi). Esta etapa es solamente po­sible una vez que se han realizado suficientemente y con plenitud los demás ejercicios, por lo que pienso que no tiene mucho sentido la separa­ción que suele hacerse en ciertos manuales entre un Ha-Tha Yoga que ter­minaría en el pratyahara, y un Raja Yoga cuyo comienzo estaría en dharana. Es un asunto de acentuaciones, como he dicho más arriba, que - por lo demás - me parece de escasa utilidad.
La concentración (dharana) no es otra cosa que un eka­grata, concentración en un solo punto, pero efectuada, esta vez, con un contenido nocional; el objeto de la fijación que se realiza en dharana es el de comprender. Los comentaristas de Patanjali y - siguiéndolos - las distintas escuelas de yoga, recomiendan la fijación en el chakra del ombligo, o en el loto del corazón, o en el entrecejo, o en la punta de la nariz, o en algún objeto exterior. Es ésta también la práctica de la Meditación Trascendental, tan difundida en un tiempo en occidente. En mi experiencia, el "loto del corazón", en el plexo cardiaco, centro atribucional del amor, es el mejor punto de concentración, aquél hacia el cual naturalmente se vuelca la atención del contemplativo, en el cual anida su místico entenderse con un Dios que se revela en el amor.
La meditación (dhyana) no es otra cosa que la mantención de la concentración en un continuum perfectamente coherente, que va lle­vando al yogui a la experiencia interna y directa del objeto de su me­ditación. En su más original sentido, es un "meditar": un "in medio stare": un "estar afincado en el medio" de sí mismo y del objeto de la meditación. "como si centro con centro coincidiesen", al decir Plotino. Es la experiencia de noche y de luz en la que el centro personal coincide con el del Ser buscado, que se encuentra presente en los místicos de todos los tiempos.
La contemplación o éxtasis (samadhi) es la situación expe­riencial a la que conduce la meditación. En este estado contemplati­vo, el pensamiento se hace uno con el ser del objeto, sin ayuda de la imaginación; acto y objeto de meditación no son concebidos como distin­tos: conocimiento del objeto y objeto del conocimiento coinciden real­mente. Así, más que conocimiento, el samadhi es un estado, una modali­dad estática específica del yoga; en él se hace posible la autorrevelación del Yo. Patanjali y sus comentaristas distinguen dos formas de samadhi, de diferente grado:
El samadhi "con soporte", "diferenciado" (samprajnata sa­madhi), que se produce con la ayuda de un objeto exterior.
El samadhi "sin soporte", "indiferenciado", en el que no existe ayuda de objeto exterior alguno.
En su primera forma, el samadhi significa el bloqueo de to­das las funciones mentales, a excepción de la conciencia de meditar sobre tal objeto. Por el contrario, en su forma indiferenciada, el samadhi es el éxtasis perfecto, en el que las funciones mentales todas son inhibidas. Dado que la primera forma de samadhi no es absoluta, los comentaristas distinguen en ella cuatro formas: argumentativa y no argumen­tativa, reflexiva y suprarreflexiva. Es éste el momento en que se suelen presentar al yogui los "poderes maravillosos", las "perfecciones" (siddhi), que el yogui debe saber usar no para sí, sino que para liberarse del yo y acceder al samadhi supremo. La tentación de caer del mis­ticismo a la magia está siempre presente en el yogui. Conviene recalcar que en todos los textos yoguis, el samadhi, en cualquiera de sus formas, es el resultado de una práctica ascética, de un esfuerzo del yogui.

miércoles, 10 de enero de 2007

Una introducción al Yoga 7

Asana : la postura sin movimiento
"Asana" representa una "postura estable y cómoda". Pa­reciera un poco pretencioso hablar de estabilidad y comodidad en pos­turas tan poco naturales como estarse en posición invertida sobre los hombros (sarvangasana) o el repliegue del cuerpo en halasana o con las piernas entreanudadas como en padmasana. Es que se trata precisamente de eso: de lograr la estabilidad y la comodidad en posturas poco natu­rales.
Es éste, junto con la concentración en un sólo pun­to (ekagrata) el nervio de la propuesta del yoga. Para lograr la liberación del torrente del devenir, del torbellino de los flujos del samsara que pasan por nosotros y nuestra mente, el yoga se propone hacer exactamente lo contrario:
Contra un cuerpo que se deja llevar y se explaya, un cuerpo forzado al máximo en posturas no espontáneas, trabajadas len­tamente, pacientemente, hasta lograr la espiritualización de la materia corporal, la transparencia del cuerpo al espíritu: la "comodidad" o na­turalidad adquirida de una postura no espontáneamente natural. Relaja­ción por la tensión: unión de Ha y de Tha, dice el Ha-Tha Yoga.
Contra la difusión del ser en el "torbellino de la mente" (la expresión es de Patanjali), la concentración en un solo pun­to, el verterse hacia zonas de conciencia cada vez más estrechas, a través de la postura física, a través del cuerpo, a través de una zona específica del cuerpo, a través de un punto muy preciso del cuerpo. Es­to, hasta que la conciencia del yo desaparezca y se propicie el espacio de la mente- testigo, despersonalizada.
Un koan del Zen (y sabemos que el Zen se originó en el yoga) nos dice: "escucha el ruido de la mano que no has golpeado". Haz lo contrario de lo espontáneo; busca la otra cara de las cosas; fuerza lo natural hacia lo no espontáneo, y encuentra en ello otra forma de espontaneidad. Tu yo, punto de convergencia de tu ser natural, será así superado; el camino hacia el descubrimiento del Yo está abierto.
"La postura es perfecta cuando el esfuerzo por reali­zarla desaparece, de manera que no haya más movimientos en el cuerpo. Del mismo modo, su perfección se cumple cuando el espíritu se trans­forma en infinito, es decir, cuando hace de la idea de infinito su propio contenido", dice el comentarista Vyasa.
"El que practique el asana deberá hacer uso de una energía consistente en suprimir los esfuerzos corporales naturales. De otro modo, la postura ascética de que hablamos aquí no podrá ser realizada. En lo concerniente al ‘espíritu transformado en infini­to’ significa una suspensión total de la atención a la presencia de su propio cuerpo".
El asana significa, así, un intento por abolir las modalidades humanas de existencia, una "detención", una invulnerabi­lidad con respecto de "los contrarios" (los términos entre comillas son de Patanjali), del mundo exterior.

Pranayama: el control del ritmo respiratorio
Una vez lograda la estabilidad y comodidad del asana, el yogui practica el pranayama, que consiste de nuevo en una actitud antinatural, en un violentar la tendencia espontánea. Esta vez, al modo natural de respiración, el yogui opone un control del ritmo res­piratorio que lleva a establecer una secuencia artificial, inicial-mente forzada, que otorga un tiempo determinado a la inspiración, cuatro veces ese tiempo a la retención del aire, y dos veces el tiem­po inicial a la expiración. Esto, durante una larga secuencia, cuyo resultado es que “el velo que cubre la luz disminuye": "el pranayama es la detención de los movimientos aspiratorios y espiratorios, la que se obtiene después que el asana ha sido efectuado". Y Bhoja, comentarista de Patanjali acota que "al ser precedidas todas las funciones de los órganos por la función respiratoria - ya que exis­te un lazo entre la respiración y la conciencia, en sus funciones respectivas - la respiración, al ser suspendidas todas las funciones orgánicas, realiza la concentración de la conciencia en un sólo ob­jeto" El yogui penetra así, sin perder la lucidez, en es­tados de conciencia propios del sueño. La respiración espontánea po­see un ritmo discontinuo, modificado constantemente por el moverse, por las emociones, por las solicitudes del medio. Por el pranayama, control del ritmo respiratorio, el yogui obtiene una continuidad de tal ritmo, que tiene como fruto una conciencia que permite trascen­der el ritmo respiratorio mismo y penetrar hasta las capas ultra­concientes. Eliade nos dice que "el pranayama es como una aplica­ción de espíritu dirigida a la vida orgánica, un conocimiento por el acto, una entrada lúcida y tranquila en la esencia misma de la vida. El yoga recomienda a sus fieles vivir, pero no abandonarse a la vida. Las actividades sensoriales se apoderan del hombre, lo alteran y lo disgregan. La concentración sobre esa función vital que es la respiración trae como resultado, en los primeros días de práctica, una sensación inexpresable de armonía, en plenitud rít­mica, melódica, una nivelación de todos los altibajos fisiológicos. Seguidamente revela un sentimiento impreciso de presencia del cuer­po, una conciencia calma de la propia grandeza".
No está de más recordar aquí el valor asignado a la respiración en la tradición contemplativa cristiana, por ejemplo, en el hesicasmo; no es del caso ir por este desvío ahora, pero pue­de ser de valor consultar comentarios acerca de los textos de la Filocalia, la "oración del corazón" y tantas otras tradiciones con­templativas occidentales de ayer y de hoy.