sábado, 29 de marzo de 2008

Claves

Nuestra vida, nuestro ser individual y en sociedad, puede ser visto o dicho en tres claves:
La emoción, mediante la que seleccionamos, elegimos, configuramos nuestros universos.
La narrativa, con la que describimos, decimos, normamos nuestros universos.
La liturgia que diseñamos para dar fuerza y eficacia a nuestros universos.
Vemos esos elementos en todo: en religión, política, vida familiar, de trabajo, académica...

domingo, 17 de febrero de 2008

Esperanza

Retomo el viejo tema de la esperanza. Viejo y actual: sigo caminando, y la fuerza para caminar me viene de la esperanza, esa "virtus" (fuerza) que me dice que todavía no he llegado, pero llegaré. Desoigo las insinuaciones de la desesperanza que me dice que no llegaré nunca, y las de la presunción que me hace creer que ya llegué, que es hora de sentarme. Tomo mi mochila y vuelvo al camino. Ensillo mi caballo y sigo piedras arriba. Como siempre por la vida: derecho y mirando hacia adelante.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Dos mundos

Lo que decimos y lo que no podemos decir: ¿sólo límites de lenguaje? ¿dos mundos? Una cosa me parece evidente: aplicar al mundo del silencio las descripciones de los mundos del lenguaje no nos permite decir lo indecible. Sin embargo, lo hemos intentado siempre: desde los mitos hasta los fundamentalismos. ¿Y si dejamos ambos mundos aparte?

domingo, 3 de febrero de 2008

Dimensiones del tiempo

El presente nos coloca ante dos dimensiones del tiempo: el "ya no" y el "ahora sí". Vivamos en el "ahora sí".

jueves, 3 de enero de 2008

Año Nuevo

"¿Tiempo o presente? Ambos, puesto que es lo mismo, puesto que no se distinguen para nosotros. El tiempo es presencia del ser, en la medida en que cambia; el presente es el ser del tiempo, en la medida en que permanece. Pero solo cambia lo que es, solo permanece lo que cambia: el ser y el devenir son uno en presente. Son el presente mismo, la realidad misma, puesto que no hay nada más. Ousía (el ser) y parousía (la presencia): ¡uno y el mismo! Es lo que podemos denominar lo real, el universo o la naturaleza, que nos contiene y nos lleva ¿A dónde? A ningún otro lugar que donde estamos: en el tiempo, en el devenir, en el presente de la presencia, en el cambio perpetuo de todo. Ser es devenir, durar, cambiar; también ya no ser o, más bien (puesto que ya no ser es no ser nada), también es desgastarse, fatigarse o desaparecer, y ésa es la significación del tiempo: aunque siempre hay ser, no siempre los mismos seres son" (André Compte-Sponville, L'être temps. Paris, PUF, 2001)

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Navidad

Junto a un niño que nace recuperemos nuestro amor: todo nuestro amor.

martes, 11 de diciembre de 2007

Holocampo Ψ

Ervin Laszlo nos propone la existencia de un “holocampo cósmico” basado en el vacío al que propone denominar “Holocampo Ψ” que todo lo interconecta, elemento fundamental y fundante, factor que entra en todas nuestras interacciones con la realidad que revelamos. En él, cada uno de nosotros contiene la información de todo el universo como potencialidad experiencial. Ver: Ervin Laszlo, “The creative cosmos”, Floris Books, Edinburgh, 1993; y “The whispering pond. A personal guide to the emerging vision of science”, Element, Rockport, 1996

lunes, 26 de noviembre de 2007

De dónde eres y dónde estás

Los caminos espirituales hacen una diferencia entre un universo en el cual estás – sin pertenecer a él – y otro al cual perteneces. La diferencia está clara en el camino del Tao – por ejemplo – y la encontraremos en todos los grandes maestros de la vida espiritual. El evangelio de Juan opone claramente el “mundo” y el “reino de dios” diciendo que los discípulos de Jesús están en el mundo pero que no son de él: una clara muestra de las enseñanzas espirituales de una época que anticipa el hermetismo y la gnosis. El universo al cual perteneces es el que te da la fuerza en y por la palabra (ver el cuarto evangelio en los capítulos del “discurso de despedida”). El universo en el que estás es tu mundo de todos los días, que has de vivir con la pericia del guerrero para no sucumbir (ver la primera tetralogía de “Las enseñanzas de don Juan”) Mantente consciente de tu universo de pertenencia y desaparecerá para ti el mal, el dolor, la enfermedad: solo tendrás tu luz; y desde ése tu mundo actúa como guerrero en tu universo de presencia.

jueves, 25 de octubre de 2007

Transmultiversalidad

Vean este trabajo de un médico cubano

La realidad estaría compuesta de múltiples universos

Exhalen Martorell Zamora

La Transmultiversalidad, nueva teoría del espacio y tiempo
Como toda forma de existencia cambia constantemente, lo que denominamos Universo se transmuta continua e ininterrumpidamente en otros “Universos diferentes”. Por tanto, el Ser se manifiesta no en un Universo, sino a través de continuos e infinitos Universos en diferenciación, el Transmultiverso. Si un cuerpo se transforma mientras se traslada en un espacio continuamente diferente, no es posible prescribirle una posición o movimiento en ninguna dimensión espacio-temporal, pues continuamente el objeto, el espacio y todo ente, serían continuamente diferentes. En este sentido, lo que llamamos tiempo no es una ilusión, sino un método, un enfoque colectivo histórico muy necesario para la organización de la actividad humana y que acompañará por siempre a la civilización. Viajar en el tiempo tampoco tiene sentido, pues significaría cambiar todo el Transmultiverso a una situación previamente acaecida. En este contexto transmultiversal se hace necesario otro enfoque teórico del Ser.

domingo, 7 de octubre de 2007

El lado activo del infinito

Un comentario reciente en mi postal “De regreso a Castaneda” me ha hecho ver la extraordinaria coincidencia entre la percepción de Carlos en su libro póstumo “El lado activo del infinito” y la de David Bohm que he destacado en el postal reciente. Ambos coinciden en que la “información activa” (Bohm) y el “nahual” (Don Juan) son “campos” que ejercen una acción atractiva dentro del universo en el que somos nodos, otorgándoles “formas” y “sentidos” a estos nodos. Dicho de otra manera: el camino hacia el Espíritu, la “subida al Monte Carmelo” (San Juan de la Cruz), el camino de la “iluminación”, la madurez que viene con el paso de los años, nuestra vida toda, paso a paso, es una manifestación de ese “lado activo del infinito”. Esto, para quien sabe “ver” (Teilhard de Chardin), para quien “mueve el punto de encaje de la percepción” (Castaneda) hasta un punto en el cual otorga sentidos a las etapas de su vida. El libro de Castaneda hace eso: muestra las etapas de la transformación de Carlos. ¿Y si hiciéramos otro tanto? ¿No cambiaría radicalmente nuestra vida y la percepción que tenemos de ella, nuestro modo de vivir? ¿No seríamos totalmente otros? ¿No nos ubicaríamos expresamente en la perspectiva de una ampliación de nuestra conciencia hacia el punto Omega (Teilhard)?

sábado, 22 de septiembre de 2007

David Bohm

Sugiero examinar los conceptos básicos de la “Interpretación ontológica” de la teoría cuántica que nos propone David Bohm:
- Información activa
- Forma
- Sentido
- Holomovimiento
- Orden implícito
Pueden fundar una nueva visión de nosotros mismos y de nuestro lugar en el cosmos, con aplicaciones en lo que se refiere al funcionamiento de nuestra mente y nuestro sistema inmune. Un modo de empezar puede ser el nexo que he puesto en este postal.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Amor

“Algún día, después de haber dominado los vientos, las olas, las mareas y la gravedad, amaestraremos las energías del amor, y entonces, por segunda vez en la historia del universo, el hombre habrá descubierto el fuego”
(Teilhard de Chardin, El Fenómeno Humano)

jueves, 13 de septiembre de 2007

Ver

Estas páginas representan un esfuerzo por ver y hacer ver lo que es y exige el Hombre si se le coloca, enteramente y hasta el fin, dentro del cuadro de las apariencias.
¿Por qué tratar de ver? ¿Y por qué dirigir de una ma­nera especial nuestra mirada hacia el objeto humano?
Ver. Se podría decir que toda la Vida consiste en esto, si no como finalidad, por lo menos sí esencialmente. Ser más es unirse más y más: éstos serán el resumen y la conclusión misma de esta obra. Sin embargo, lo comproba­remos más aún: la unidad no se engrandece más que sus­tentada por un acrecentamiento de conciencia; es decir, de visión. He aquí por qué, sin lugar a dudas, la historia del Mundo viviente consiste en la elaboración de unos ojos cada vez más perfectos en el seno de un Cosmos, en el cual es posible discernir cada vez con más claridad. La perfección de un animal, la supremacía del ser pensante, ¿no se miden por la penetración y por el poder sintético de su mirada? Tratar de ver más y mejor no es, pues, una fantasía, una curiosidad, un lujo. Ver o perecer. Tal es la situación im­puesta por el don misterioso de la existencia a todo cuanto constituye un elemento del Universo. Y tal es consecuente­mente, y a una escala superior, la condición humana.
Pero si de verdad resulta tan vital y beatificante el conocer, ¿por qué, una vez más, dirigir con preferencia nuestra atención hacia el Hombre? ¿No está ya suficiente­mente estudiado el Hombre, y no es suficientemente eno­joso hacerlo? ¿Y no es precisamente uno de los atractivos de la Ciencia el de desviar y hacer descansar nuestra mirada sobre un objetó que, por fin, no sea nosotros mismos?
Bajo un doble aspecto, que le convierte doblemente en el centro del Mundo, el Hombre se impone a nuestro esfuerzo por ver como clave del Universo.
En primer lugar, y de una manera subjetiva, resultamos ser inevitablemente centro de perspectiva en relación con nosotros mismos. Fue seguramente una candidez, quizá necesaria, de la Ciencia naciente el de imaginarse que podría observar los fenómenos en sí mismos, tal como se desarro­llarían fuera de nosotros mismos. Instintivamente, los físicos y los naturalistas operaron al principio como si su mirada cayera desde lo alto sobre un Mundo en el que su concien­cia pudiera penetrar sin experimentarlo en sí mismos, sin modificarlo con su propia observación. Hoy empiezan a darse cuenta de que sus observaciones, aun las más objeti­vas, están todas ellas impregnadas de convenciones apriorís­ticas, así como de formas o de costumbres de pensar desarro­lladas a lo largo del proceso histórico de la Investigación. Llegados al extremo de sus análisis, ya no están muy segu­ros de si la estructura conseguida es la esencia misma de la Materia que estudian o el reflejo de su propio pensamiento. Y de una manera simultánea se dan cuenta de que, por un choque retroactivo de sus descubrimientos, ellos mismos se hallan cogidos en cuerpo y alma en la red de las relaciones que habían creído lanzar desde el exterior sobre las cosas; en una palabra: se hallan presos en su propia trampa. Me­tamorfismo y endomorfismo, diría un geólogo. El objeto y el sujeto se mezclan y se transforman mutuamente en el acto del conocimiento. Quiéralo o no, desde ese momento el Hom­bre vuelve a encontrarse a sí mismo y se contempla en todo, lo que observa.
He aquí una verdadera servidumbre, la cual, no obstan­te, está inmediatamente compensada por una grandeza cierta y única.
Resulta simplemente banal, e incluso enojoso, para un observador el transportar consigo mismo, vaya donde vaya, el centro del paisaje que atraviesa. Pero ¿que es lo que le sucede al paseante si las circunstancias le llevan hacia un punto naturalmente privilegiado (encrucijada de caminos o de valles), desde el cual no ya sólo la mirada, sino las mismas cosas irradian? Es entonces cuando, al coincidir el punto de vista subjetivo con una distribución objetiva de las cosas, se establece la percepción en toda su plenitud. El paisaje se descifra y se ilumina. Se ve.
Este parece ser precisamente el privilegio del conoci­miento humano.
(Teilhard de Chardin. El Fenómeno Humano)

domingo, 9 de septiembre de 2007

Premio


Max Estrella me ha distinguido con esta mención. Le doy las gracias. Gonzalo.

viernes, 31 de agosto de 2007

Fenómeno humano

Este cuadro nos ilustra la hipótesis de Teilhard sobre lo humano como flecha de la evolución